Dos mil quince #2015

2015 el año de aceptar ayuda y volver a empezar.

Mi 2015 empezó lento. Me enfermé a finales del 2014, así que estuve algunos días en cama y con muchas pastillas. Ya estaba cansado y mi cuerpo me estaba dando una vez más una señal de que ya no podía más. Mi mala salud causaba mi mal humor y mi mal humor causaba más mala salud. Era un círculo vicioso del cual era imposible salir.

Todo empezó a cambiar cuando mi papá nos empezó a enseñar a manejar a mi hermano y a mi en un ex-aeródromo. Era divertido salir y estar rodeado de conductores inexpertos. Este fue mi panorama la mayor parte del verano.

De regreso en la universidad me vi enfrentado al semestre más riesgoso que he tenido hasta ahora. Tengo dos ramos reprobados por segunda vez, por lo tanto tuve que hacer una solicitud de excepción reglamentaria para seguir estudiando. Lo que más necesitaba era estar concentrado en mis estudios pero desafortunadamente aun tenía encima algunos problemas del año pasado que me consumían casi toda la energía. Decidí congelar. Había dejado de comer y de dormir saludablemente. Ya no estaba en condiciones de seguir adelante con mis ramos.

Este año acepté con mucho gusto la invitación a formar parte de la Federación de Estudiantes de la UTFSM Campus Santiago (FEUSAM). Y nos tocó difícil. Yo se que desde el lado de los estudiantes se ve super mal la imagen de la Federación (yo lo veía así cuando no era parte) pero estar dentro es otra cosa. A mi universidad en particular le falta mucho para tener una cultura cívica y política adecuada. Todos son muy individualistas y reman para lados distintos. Es complejo representar a unas bases así. Debo agradecer a mis compañeros de la Federación porque me enseñaron dos cosas muy importantes: como actuar como equipo y lo importante que es defender los propios ideales.

Empezamos un preuniversitario con un nuevo grupo de amigos que he aprendido a conocer. Ha sido una tarea muy difícil, pero tenemos toda las ganas de sacar adelante este proyecto todos con todos y unos sobre otros.

Izarus, la empresa que cofundé el 2013 se fue transformando poco a poco en algo muy pesado de llevar. Me vi cada vez más alejado de lo que llamaban "equipo" y no fue mi culpa. Así que para no causar problemas (porque yo me pongo de los bélicos) y permitir que todos siguiéramos adelante, decidí renunciar. No fue una decisión fácil pero creo que fue lo mejor para todos.

En el ámbito personal, yo no me daba cuenta, pero algunas personas eran capaces de consumir toda mi energía y derribarme en muy poco tiempo. Y no tenía la fuerza para evitar que fuera así. A veces preferimos seguir en nuestra zona de confort, solo por comodidad, sabiendo que las cosas están mal.

Este año me rompieron el corazón. Y aun cuando logré volver a juntar todos los pedazos, parece que ya no funciona igual que antes. Ni nunca lo hará.

Volví a vivir con mi familia en el sur, porque son los únicos que pase lo que pase podrían apoyarme. Casi todas las cosas que yo hacía se terminaron (o yo decidí terminarlas) lo cual es terrible para la gente hiperactiva de mente como yo. Así que estuve unos meses tratando de calmarme. Literalmente tuve que volver a empezar con todo. Lentamente. De a poco. Para no colapsar.

Los meses que llevo alejado de mi vida en Santiago han sido tranquilos. He ido algunas veces a cosas puntuales.  Aprendí a valorar lo que soy, cuanto valgo y que es lo que realmente quiero y lo que no quiero repetir.

Estoy listo para volver el próximo año a terminar una de las cosas más importantes que empecé: mi carrera universitaria.

Espero contar con su compañía, amigos.

¡Feliz año nuevo!

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